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Direito Administrativo em Debate conta com a participação de mais um colaborador permanente

O blog Direito Administrativo em Debate, especializado na divulgação de notícias e estudos sobre o direito administrativo comparado, conta agora com a colaboração permanente do professor Guillermo Fabián Rizzi, especialista em direito administrativo e autor de vários artigos sobre o tema.

Rizzi se junta aos demais professores da Argentina, Brasil, Espanha, Estados Unidos, Itália e Uruguai, que procuram desenvolver uma nova dogmática e metodologia de estudo do direito administrativo contemporâneo.

[Publicado pelo Editor]
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Abertura de processo administrativo disciplinar não gera direito à indenização por dano moral

A Advocacia-Geral da União (AGU) conseguiu, na Justiça, impedir a condenação do Instituto Brasileiro do Meio Ambiente e dos Recursos Naturais Renováveis (Ibama) ao pagamento de indenização por danos morais.

Um servidor da Fundação Nacional do Índio (Funai) alegou que foi instaurado um processo administrativo disciplinar contra ele por suposto envolvimento com o líder de uma quadrilha de biopirataria que atuava na região Amazônica, com conexão em Boston e em Miami, nos Estados Unidos. A ação ilegal da quadrilha consistia em ocultar material genético do Brasil que estava sendo transportado para o exterior.

Como o processo administrativo foi arquivado por ausência de prova, o servidor requereu a reforma da sentença judicial que julgou improcedente seu pedido de indenização por danos morais.

A Procuradoria Regional Federal da 1ª Região (PRF1) e a Procuradoria Federal Especializada junto ao Ibama do Amazonas (PFE/Ibama) defenderam a manutenção da decisão que negou a indenização. Os procuradores argumentaram que o Ibama não praticou qualquer ato injusto. Ao contrário, o órgão cumpriu a obrigação legal de comunicar eventuais irregularidades que teve ciência para a adoção das providências de apuração pela autoridade competente.

Na apelação (processo nº 2000.32.00.002656-8/AM), as procuradorias ressaltaram, ainda, o fato de a sentença de primeiro grau ter reconhecido que o autor não provou o dano moral que lhe daria direito a receber a indenização pleiteada, já que não houve abuso de poder ou desvio de finalidade do Ibama.

O Tribunal Regional Federal da 1ª Região (TRF1) acolheu os argumentos da União e negou o pedido do servidor. A relatora do processo lembrou, na sentença, que a autoridade que tiver ciência de irregularidade no serviço público é obrigada a promover a sua apuração imediata, mediante sindicância ou processo administrativo disciplinar, assegurada ao acusado ampla defesa. Segundo a magistrada, a realização de sindicância para apuração de falta funcional não gera direito à indenização por danos morais quando fundada em elementos suficientes.

[Publicado pelo Editor com informações da AGU]

Apenas imóveis tombados podem ser reformados com recursos do Iphan

A Advocacia- Geral da União (AGU), representada pelo Núcleo Consultivo da Procuradoria Regional Federal da 5ª Região (PRF5), orientou o Instituto do Patrimônio Histórico e Artístico Nacional em Pernambuco (Iphan/PE) em procedimento licitatório na modalidade de tomada de preços. O objetivo era a contratação de empresa de arquitetura consultiva e restauração de monumentos históricos para imóveis não tombados situados na vizinhança do Mercado de São José, imóvel tombado.

Apesar de não ser tombado, o imóvel situa-se no polígono do entorno dos bairros de Santo Antônio e São José, bem como na vizinhança imediata do Mercado de São José, o que resultou na realização da consulta.

O Núcleo Consultivo da PRF5, através do Parecer n.º 611/2009, observou que o art. 19 do Decreto-lei nº 25/37 apenas permite a utilização de recursos públicos da União em obras de conservação e reparação de imóvel de terceiro quando o bem for tombado e o seu proprietário não dispuser de recursos para fazê-lo com dinheiro próprio. Destacou, ainda, que o Tribunal de Contas da União (TCU) se manifestou argumentando que o Iphan deverá atuar para minimizar a necessidade de aplicação de dinheiro público em imóveis privados.

[Publicado pelo Editor com informações da AGU]

Buques-factorias y sustentabilidad del recurso pesquero

Por Carlos Botassi

(nota al fallo Cámara Pesquera Marplatense c/ Estado Nacional (SAGP y A) s/ acción de amparo”)

1.- El caso

La Cámara Pesquera Marplatense, que agrupa a empresas medianas y pequeñas dedicadas a la pesca y transporte a puerto de lo capturado sin procesar (denominados “fresqueros”), dedujo acción de amparo de la Ley 16.986 contra el Estado nacional , acusando la inconstitucionalidad de las Resoluciones 675/04 y 65/07 de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Nación (SAGPA) y denunciando la falta de cumplimiento de las prevenciones de la Ley 25.109 y su Decreto Reglamentario 189/99 que declaran la emergencia pesquera. Al mismo tiempo la amparista se agravió de la falta de reglamentación del artículo 27 de la Ley 24.922 que impone asignar cuotas de captura para cada permiso de pesca.

Por efecto de las cuestionadas Resoluciones los buques-factorías (llamados “congeladores”), con una capacidad de captura varias veces superior a los “fresqueros”, operan al norte del paralelo 48 latitud sur generando un grave riesgo de extinción de la especie “merluza hubssi” por sobrepesca y depredación, al carecerse de un plan preservacionista que recoja y aplique el principio precautorio establecido en el art. 7.5. del “Código de Conducta para la Pesca Responsable” de la F.A.O.

Los fallos recaídos en ambas instancias permiten, en este breve comentario, la consideración de varios aspectos de indiscutible interés: la tipicidad del amparo ambiental, el activismo judicial desplegado, el valor constitucional en juego, la cuestión de la zona de reserva del Poder Administrador y la invocación del derecho de los tratados.

2.- Caracteres específicos del amparo ambiental

El Estado-apelante sostuvo que la vía del amparo no era adecuada para juzgar una cuestión compleja que requiere amplitud de debate y prueba. La Cámara rechazó categóricamente el agravio con la acertada cita de los artículos 1, 3 y 30 de la Ley General del Ambiente 25.675 (B.O. 28.11.2002). Cabe sumar, todavía, la prevención del artículo 43 de la Carta Magna que expresamente menciona al juicio de amparo como medio apto para la protección de los derechos vinculados al medio ambiente. Más allá de la extemporaneidad del planteo de la demandada que no objetó inicialmente la vía procesal escogida por la actora, y la celeridad que cabe imprimir a un asunto de interés general, en definitiva, de existir colisión normativa entre la Ley de Amparo y la Ley Ambiental, prevalece esta última por razón de su especialidad.

Se ha dicho con toda razón que el proceso ambiental posee caracteres diversos al proceso judicial clásico y que el amparo por motivos ambientales registra mutaciones respecto del amparo típico, cuyas reglas solo serán aplicables en la medida en que no dificulten el acceso a la Justicia y faciliten la tutela urgente, amplia y eficaz[1].

Aunque la legitimación actora de la Cámara Pesquera Marplatense no fue objetada, y sin duda estaba habilitada para demandar como “afectada” directa por la depredación del recurso que sostiene a sus empresas asociadas, la Alzada consideró prudente recordar que la acción de amparo ambiental orientada a obtener el cese de actividades dañosas para el entorno puede ser deducida por cualquier persona en su calidad de titular de un derecho de incidencia colectiva (arts. 43 C.N.  y 30 de la Ley 25.675).

3.- Saludable activismo judicial

Este es el aspecto más relevante de lo tramitado y de lo decidido. Surge de la sentencia de primera instancia que el titular del Juzgado Federal nº 4 de Mar del Plata, Dr. Alfredo López, frente a la complejidad técnica del asunto dispuso –como medida para mejor proveer- la celebración de dos audiencias a las que fueron citados la Cámara actora, el Estado Nacional demandado, autoridades de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Nación, el Intendente municipal de General Pueyrredón, de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación y numerosas organizaciones preservacionistas no gubernamentales. En el carácter de amicus curiae el juez solicitó la intervención del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP) y de la Auditoria General de la Nación. La intervención de esta última fue decisiva ya que su titular Leandro Despouy denunció “falencias en el control y falta de transparencia de parte de la Secretaría de Pesca de la Nación sobre los buques que pescan merluza y calamar”, agregando que “los recursos pesqueros sufren una alarmante depredación”[2].

El primer sentenciante consideró “imperioso precisar que el objeto de esta pretensión procesal constitucional, a raíz de las audiencias oportunamente señaladas ha mutado radicalmente, orientándose en función de los hechos resultantes de las mismas a la protección del recurso ictícola merluza común hubbsi, o sea a la protección del caladero y con ello atender a la sustentabilidad del recurso, como a preservar la fuente de trabajo del sector involucrado y evitar la crisis social que se podría producir como consecuencia de ello”. Ya no se trataba, en la inteligencia del juzgador, de una disputa entre “fresqueros” y “congeladores” sino de una cuestión de interés general. Debido a ello, en aplicación del principio iura novit curia el juez de primera instancia confrontó la impugnada Resolución 65/07 con la legislación interna e internacional que rige la materia a través de la prueba producida a su propio requerimiento. El magistrado de origen siguió así la tendencia avalada por la propia Corte Nacional, con cita expresa de lo actuado por el Tribunal Cimero en la célebre causa Mendoza, Beatriz Silvia y otros c/ Estado Nacional y otros, en la cual se analizó la deplorable situación ambiental del Río Matanza – Riachuelo, se realizaron sendas audiencias públicas, se aceptó la intervención de amicus curiae y se reivindicó para los jueces un papel activo y diligente en aquellas cuestiones que por el interés público involucrado no es posible dejar al único impulso de las partes.

Siguiendo el ejemplo proporcionado por la Corte Nacional en la citada causa Mendoza, la Justicia Federal Marplatense ordenó la implementación de un plan sustentable integral de preservación y protección del recurso, que combata la sobrepesca y depredación.

La Cámara Federal de La Plata había señalado que la Ley 25.675 trajo a escena “un juez casi inquisitivo, con mayores poderes y deberes, con facultad para disponer todas las medidas necesarias para ordenar, conducir o probar los hechos dañosos en el proceso, a fin de proteger efectivamente el interés general[3]. Esta fue también la opinión de la doctrina[4].

En su apelación la representante estatal denunció la improcedencia del explícito “cambio en el objeto de la pretensión” y sostuvo que el a quo dispuso medidas probatorias improcedentes, citando a terceros ajenos al juicio y celebrando audiencias impropias para una acción de amparo. No existen dudas que el juez López había “mutado radicalmente” la causa petendi[5], sin embargo la Cámara entendió que lo decidido resultaba congruente con lo peticionado por la actora en tanto había requerido se ordene al Estado Nacional “dé cumplimiento a la finalidad de las normas de emergencia en armonía con la Ley Nacional de Pesca”, solicitud que admitía la respuesta finalmente dada.

En cuanto a la oficiosa convocatoria y celebración de audiencias la mayoría de la Cámara consideró que las mismas respondieron a la particular naturaleza de las cuestiones en debate producto de “las especiales características de las que se encuentra investida la problemática ambiental” y sirvieron para aportar mayor conocimiento al sentenciante, sin sujeción a lo propuesto por las partes. A mayor abundamiento se destacó que la propia Ley de Amparo en su artículo 9 prevé la celebración de, al menos, una audiencia. En este punto se recordó que el artículo 32 de la Ley General del Ambiente autoriza al juez interviniente a “disponer todas las medidas necesarias para ordenar, conducir o probar los hechos dañosos en el proceso, a fin de proteger efectivamente el interés general”. Y que en esta dirección son numerosos los precedentes de la Corte Suprema de Justicia de la Nación en los cuales se ha tomado el toro por las astas y se ha actuado en oficiosa defensa del interés superior involucrado en el caso, sin depender del impulso de la parte accionante, ordenando medidas de la más variada índole, incluyendo la realización de audiencias públicas de esclarecimiento y prueba. Cabe así citar, a título de ejemplo, los casos de provisión de medicamentos[6], el auxilio a comunidades nativas amenazadas por el hambre y las enfermedades[7], la recuperación de cursos de agua transformados en cloacas inmundas[8] y la suspensión del abatimiento de bosques autóctonos[9].

Compartimos el criterio de la mayoría (Dres. Alejandro Tazza y Alberto Morteo) ya que la pretensión actora dejaba librado al juez fijar los mecanismos tendientes a asegurar el acatamiento de las normas involucradas en el asunto. Por lo demás, no cabe duda que en circunstancias como las de autos existe una situación de necesidad y urgencia[10] que no es posible soslayar a menos que se considere al Poder Judicial como mero espectador de la contienda, maniatado por una interpretación fundamentalista del principio de congruencia, cuando tiene bajo análisis una cuestión vinculada a la suerte y fortuna de un recurso natural gravemente amenazado. Las atinadas medidas de prueba ordenadas en primera instancia fueron siempre susceptibles de control por parte del Fisco, cuya representante asistió a la segunda audiencia y rebatió las argumentaciones que consideró contrarias a su postura. No ha existido, claramente, indefensión ni merma en el ejercicio del derecho a la defensa.

4.- El artículo 41 de la Constitución Nacional (principio de sustentabilidad)

Como manera de preservar la población de merluza hubbsi, la Ley 25.109 y su decreto reglamentario prohibieron temporariamente la pesca dentro de las áreas de desove (norte del paralelo 48 latitud sur), con el obvio propósito de evitar la captura de peces jóvenes.

La sentencia de primera instancia transcribe el artículo 41 de la Carta Magna enfatizando el párrafo destinado a imponer métodos de explotación de los recursos naturales que “satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras”, ordenando a las autoridades proveer “a la utilización racional de los recursos naturales, a la preservación del patrimonio natural y cultural y de la diversidad biológica”. En sintonía, la Ley 25.675 define el principio de sustentabilidad explicando que “el desarrollo económico y social y el aprovechamiento de los recursos naturales deberán realizarse a través de una gestión apropiada del ambiente, de manera tal que no comprometa las posibilidades de las generaciones presentes y futuras”.

Esta consideración del ambiente y de los recursos naturales que lo componen como un valor constitucional resultó esencial para la procedencia de la acción de amparo, destinada, por definición, al resguardo de reglas y principios contenidos en la Ley Fundamental. En definitiva los jueces debieron balancear el derecho de las empresas pesqueras a realizar su negocio de la manera más rentable posible frente al derecho colectivo de preservar una especie amenazada de extinción. Si la actividad enjuiciada resulta depredadora deja de ser “lícita” en los términos del artículo 14 de la Carta Magna, pierde protección jurídica y deja paso al principio también constitucional de la sustentabilidad. El impacto ambiental de la pesca indiscriminada de piezas jóvenes y/o en cantidades elevadas coloca en guardia al sistema de tutela diferenciada que resguarda la sobrevivencia del recurso.

La defensa del principio de sustentabilidad es un deber de la SAGPyA y su flagrante omisión al autorizar la captura excesiva resultó atinadamente enmendada por la judicatura.

6.- La zona de reserva del Poder Ejecutivo

La invocación ortodoxa de la división de funciones por parte del Poder Administrador, reivindicando su condición republicana, suele emplearse como coartada para justificar los cada vez más frecuentes abusos de poder. El Ejecutivo, debido al sistema de listas sábanas casi siempre cuenta con mayoría en el Congreso y rápidamente transforma en ley sus proyectos. Si existe prisa cuenta con los decretos de necesidad y urgencia cuyo número aumenta exponencialmente año a año. En cuanto respecta al Poder Judicial, la reforma de la composición del Consejo de la Magistratura y del Jurado de Enjuiciamiento colocó en riesgo su independencia y estabilidad. En suma: poco importa la división de Poderes en nuestro sistema de “presidencialismo fuerte”, cada vez más fuerte. Sin embargo cuando se trata de examinar el alcance de las atribuciones de los jueces allí el  sistema tripartito se exhuma con énfasis. La  llamada “zona de reserva de la Administración” es el hijo pródigo de nuestro ancestral Derecho Administrativo autoritario.

Pariente cercana de los “actos de gobierno” y los “actos institucionales”, la doctrina de la zona de reserva fue tomada del modelo francés que asignaba al Poder Ejecutivo todo aquello que la Constitución no colocara a cargo del Poder Legislativo. Si bien nació como un valladar al avance del Congreso sobre las facultades presidenciales, entre nosotros, por extensión, suele aplicarse para denunciar la ingerencia de los jueces en asuntos que se consideran “no justiciables”.

Como es fácil de imaginar la idea de la existencia de determinadas materias o cuestiones ajenas al Congreso y al Poder Judicial constituye caldo de cultivo para los excesos de los gobernantes. Quienes propician su subsistencia, generalmente asociados a las autoridades de turno, olvidan que “controlar a la Administración ayuda a administrar mejor”; ignorando que ese control no es otra cosa que la consecuencia de que toda la actividad el Estado sea sub-constitucional y sub-legal. El Poder Judicial no sustituye al  Poder Ejecutivo en los criterios de oportunidad y conveniencia para usurpar la función de administrar sino que emplea sus herramientas materiales e intelectuales para cuidar que la gestión de los intereses comunitarios se lleva a cabo en armonía con el orden jurídico. Ese es su rol, esa es su atribución irrenunciable, su potestad-deber. No existe “zona de reserva” debido a que no debe justificarse en manera alguna la ilegalidad.

También se invocó, afortunadamente sin éxito, la existencia de “zona de reserva” cuando la Corte Nacional  en casos trascendentes algunos de los cuales ya hemos citado (notas 6 y siguientes) dispuso que se provea de medicamentos a quienes padecen una enfermedad grave[11], que se mejoren las condiciones de detención en los establecimientos penales bonaerenses[12], que se  evite que sigan muriendo de inanición o afectados por enfermedades controlables los pueblos originarios en la selva chaqueña[13], el que se siga envenenando la cuenca del Río Matanza Riachuelo[14] y que continúe la tala irracional de bosques nativos[15]. En todos los casos el Alto Tribunal impartió órdenes a otros poderes del Estado, les requirió información, la realización de inversiones y la rendición de cuentas respecto de lo actuado. Ni en la etapa de tutela urgente[16] ni en las sentencias de mérito la Corte señaló puntillosamente la conducta a seguir sino que impuso la obligación de obtener resultados concretos para terminar con la situación de ilegalidad y los padecimientos colectivos que ella ocasiona.

En el caso en comentario la Justicia Federal Marplatense, que ya había condenado al Estado como responsable del sistema de salud a proveer medicamentos a quienes padecen de HIV[17], no se propuso diseñar la política pesquera nacional. Por el contrario, reconociendo que tal facultad es propia del Ejecutivo se limitó a ordenar a las autoridades competentes que elaboren un plan  sustentable e integral de conservación del recurso pesquero, acorde a las previsiones de la Constitución y de la legislación vigente, incluyendo naturalmente a los compromisos contraídos al suscribir tratados multilaterales.

7.- Los tratados como fuente del derecho interno

Rara vez los jueces fundan sus sentencias en reglas internacionales. Casi nunca los abogados las invocan en sus escritos. Sin embargo, su fuente primigenia –los tratados- son parte de la normativa suprema de la Nación y aquellos vinculados a los derechos humanos tienen jerarquía constitucional (artículos 31 y 75 inc. 22º de la Constitución Nacional). La Corte Suprema de Justicia de la Nación reconoció la directa y plena operatividad de los tratados en el derecho interno al sentenciar la causa Ekmekdjian c/ Sofovich y, más tarde, decidió que no es posible sostener que un tratado “solo consagra un compromiso ético pero no jurídico”, afirmando que –por el contrario- lo acordado genera derechos y obligaciones concretas (Cafés La Virginia, Giroldi), apuntalando su decisión de ordenar a la Provincia de Buenos Aires corregir la inhumana situación de sus cárceles en la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (1948) y en el Pacto Interamericano de Derechos Civiles y Políticos (Cels/Verbistky s/ habeas corpus).

Como se sabe el Derecho Ambiental Internacional precedió al Derecho Ambiental Interno, por efecto de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, llevada a cabo en Estocolmo entre el 5 y el 16 de junio de 1972. La Declaración entonces realizada señaló la obligación de todos los países firmantes  de planificar la explotación de los recursos ambientales[18]. La Convención de Río de Janeiro sobre Diversidad Biológica suscripta 20 años más tarde, fue invocada en las sentencias que comentamos. Se trata de un documento esencial, cuyo antecedente se remonta a la Convención sobre Pesca de 1958, y en el cual se alude al valor intrínseco de preservar el banco genético universal y los aspectos educativos, culturales, recreativos y estéticos de la fauna marina. Su artículo 6 obliga a los Estados contratantes a desarrollar estrategias, planes o programas “para la conservación y la utilización sustentable de la diversidad biológica”, monitoreando las actividades que pudieran afectarla.

Si bien el objetivo primordial de la Conferencia de Rio de 1992 fue la búsqueda de soluciones para combatir la pobreza y la escasez de alimentos, expresamente se analizó el problema de las flotas pesqueras y sus excesos, señalándose que el 60% de los habitantes de la Tierra obtienen más del 40% de las proteínas que necesitan de los alimentos provenientes del mar[19]. Resulta claro que la conservación de las especies amenazadas constituye un objetivo que excede el interés nacional y se proyecta al plano ecuménico.

8.- Colofón

Todo lo dicho explica la razón por la cual no compartimos el voto en minoría del Dr. Jorge Ferro en tanto se limita a ordenar a la SAGPyA que derogue las resoluciones impugnadas en cuanto afecten y contradigan la normativa vigente. Creemos que de esa manera se soslaya la oportunidad de superar la inacción del Ejecutivo obligándolo a tomar cartas en el asunto con algo más que una adecuación al orden jurídico de sus actos de alcance general, que llegará tarde, mal y nunca, asumiendo el riesgo de que las nuevas resoluciones adolezcan de iguales o peores falencias. Solo con medidas concretas puede eliminarse la existencia de un derecho simbólico plagado de normas incumplidas.

A nuestro entender la Justicia Federal de Mar del Plata ha producido un fallo ejemplar. Inobjetable en sus líneas arguméntales, tanto desde el abordaje constitucional (procedencia de la vía de amparo, operatividad de los artículos 41 y 43), como administrativo (inaplicabilidad del argumento de la “zona de reserva” del P.E.) y ambiental (activismo judicial en cuestiones relacionadas con el interés colectivo; aplicación directa en el derecho interno de los tratados internacionales).

Se trata de esas resoluciones judiciales que reconfortan al lector conduciéndolo a pensar que el vapuleado Estado de Derecho, a pesar de sus muchos y poderosos enemigos, todavía rige en Argentina.


[1] Falbo, Aníbal J., Derecho Ambiental, Platense, 2009, págs. 249 y sigs.
[2] Según se transcribe en la sentencia de primera instancia. Cabe destacar el desempeño del Dr. Despouy quien concurrió personalmente a la segunda audiencia celebrada el 14.8.2008, en contraste con la SAGPA que no envió representante y la apoderada de la Secretaría de Medio Ambiente que se opuso a su realización.
[3] CFed. La Plata, Asoc. Para la Protección del Medio Ambiente y Educación Ecológica 18 de Octubre”, 8.7.2003, publicada en RAP Buenos Aires, nº 10 (enero 2004), pág. 59.
[4] Cafferatta, Néstor A., Introducción al Derecho Ambiental, I.N.E., México, 2004, pág. 109; Pastorino, Leonardo F., El daño al ambiente, Lexis Nexis, 2005, pág. 255.
[5] En definitiva, como lo destaca la decisión de Cámara, el primer sentenciante no se pronunció sobre la constitucionalidad o inconstitucionalidad de las resoluciones de la SAGPA que autorizaban la pesca de la especie amenazada.
[6] CSJN, Asociación Benghalensis ,6.1.00 Fallos 323:1339 y La Ley 2001-B-126; Campodónico de Beviacqua, 24.10.00, Fallos 323:3229 y J.A. 2001-I-464
[7] Defensor del Pueblo de la Nación c/ Estado Nacional y Prov. del Chaco, 18.9.2007. El Alto Tribunal señaló que “corresponde al Poder Judicial buscar los caminos que permitan garantizar la eficacia de los derechos, y evitar que estos sean vulnerados, como objetivo fundamental y rector a la hora de administrar justicia y de tomar decisiones en los procesos que se someten a su conocimiento, sobre todo cuando está en juego el derecho a la vida y a la integridad de las personas. No debe verse en ello una intromisión indebida del Poder Judicial cuando lo único que se hace es tender a tutelar derechos, o suplir omisiones en la medida en que dichos derechos puedan estar lesionados” y ordenó al Estado Nacional y a la Provincia del Chaco a suministrar a las comunidades indígenas agua potable, alimentos y transportes suficientes hasta los puestos sanitarios.
[8] Mendoza, Beatriz S. c/ Estado Nacional, sentencias del 20.6.2006 y 8.7.2008. Ampliar en Cafferatta, Néstor A., Sentencia colectiva ambiental en el caso Riachuelo, J.A. 2008, III.
[9] Salas, Dino c/ Prov. de Salta y Estado Nacional, 26.3.2009.
[10] La necesidad y urgencia son invocadas por el legislador para mantener a la ciudadanía en un estado de emergencia permanente con la cuota de inseguridad jurídica cada vez más gravosa que ello implica. Por su parte el Poder Ejecutivo apela a la necesidad y urgencia para asumir potestades legislativas en materias que le son ajenas. Sin embargo cuando la necesidad es invocada por los magistrados para defender intereses colectivos o la urgencia objetiva del caso lleva al dictado de sentencias autosatisfactivas o medidas precautelares, se alzan voces críticas que denuncian el “gobierno”, cuando no la “tiranía”, de los jueces.
[11] Asociación Benghalensis c/ Ministerio de Salud, 6.1.2000, Fallos 323:1339;
[12] Cels o Verbistky, Horacio c/ Prov. de Buenos Aires, 3.5.2005, Fallos 328:1146.
[13] Defensor del Pueblo de la Nación c/ Estado Nacional, 18.9.2007.
[14] Mendoza Beatriz c! Estado Nacional, 20.6.2006 y 8.7.2008. En este fundamental fallo la Corte dispuso la formación de un fondo de compensación ambiental que debe integrarse con aportes del Tesoro Nacional, de la Provincia de Buenos Aires y de la Ciudad de Buenos Aires.
[15] Salas, Dino c/ Prov. de Salta y Estado Nacional, 26.3.2009.
[16] En alguna forma, las medidas ordenadas ab initio, y luego monitoreadas durante la sustanciación del proceso, poseen contenido autosatisfactivo, como lo ha advertido Puga, Mariela, ¿A dónde va la Corte en las causas Verbitsky y Riachuelo?, Revista del Colegio de Abogados de La Plata, nº  69 (julio 2008), pág. 153.
[17] F., E. C. c! Inst. Nacional de Ser. Sociales para Jubilados y Pensionados, 27.3.2007, J.A. 2007, III.
[18] En rigor existieron tratados bilaterales desde los inicios del Siglo XX, como lo recuerdan  A. Crosetti, R. Ferrara, F. Fracchia y N. Oliveti Rasón, Diritto dell’ambiente, Laterza, Roma-Bari, 2002, pág. 9, recordando el tratado entre Gran Bretaña y EE.UU. sobre preservación de determinadas especies de aves migratorias.
[19] Do Nascimento e Silva, Geraldo E., Directo Ambiental Internacional, Thex Editora, Rio de Janeiro, 1995, pág. 92.

Estado tem de indenizar morador expulso de favela

A 8ª Câmara Cível do Tribunal de Justiça do Rio de Janeiro manteve a obrigação de o estado pagar R$ 30 mil de indenização por danos morais a um morador expulso por traficantes de sua casa em uma favela na capital. Os desembargadores entenderam que o estado, ao ser procurado pelo cidadão, omitiu-se ao não auxiliar o morador a voltar para sua residência.

O relator, desembargador Orlando Secco, rebateu os argumentos do estado do Rio de que a sua responsabilidade não ficou configurada já que o dano foi provocado por terceiros, ou seja, pelos traficantes. O estado, constatou o desembargador, foi procurado a prestar segurança ao morador e falhou na prestação do serviço.

Secco disse, em seu voto, que a Polícia sequer foi capaz de garantir a presença do perito designado pelo Judiciário para produzir prova técnica, ou mesmo do assistente técnico do estado. A Câmara reconheceu que há responsabilidade civil do estado no caso, pois não garantiu ao morador a inviolabilidade do domicílio, nem a dignidade da pessoa humana e segurança pública.

O desembargador também rebateu a tese do estado de que, se houve omissão, esta foi genérica. Para ele, a omissão do estado foi concreta e ficou bem delineada. O desembargador entendeu que houve violação de princípios constitucionais.

A ação foi apresentada pelo morador, representado pela Defensoria Pública do estado, depois de ele ter sido expulso da casa onde morava em uma favela na cidade do Rio. Segundo o morador, traficantes passaram a ameaçá-lo por ele não ter entregado duas caixas d’água. Ele conta que procurou a Polícia pedindo ajuda para voltar para a casa, mas foi informado pelos policiais de que não havia condições de prestar auxílio.

O estado argumentou que encaminhou o morador e a família para um abrigo de proteção às testemunhas e que o problema existe em toda cidade grande, não só no Brasil como em outros países. Também disse que os recursos financeiros do estado são limitados e que é impossível impedir que crimes sejam cometidos.

Em primeira instância, a juíza Maria Paula Galhardo, da 4ª Vara de Fazenda Pública, julgou o pedido procedente e condenou o estado a indenizar o morador em pouco mais de R$ 18 mil por danos materiais e R$ 30 mil por danos morais. A decisão foi mantida pela segunda instância.

Leia aqui o inteiro teor do acórdão.

[Publicado pelo Editor com informações do “Consultor Jurídico”]