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	<title>Comentários sobre: Regime hiperpresidencialista na América Latina</title>
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		<title>Por: Luis Antonio Cunha Ribeiro</title>
		<link>http://direitoadministrativoemdebate.wordpress.com/2008/06/20/regime-hiperpresidencialista-na-america-latina/#comment-13</link>
		<dc:creator>Luis Antonio Cunha Ribeiro</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 21 Jun 2008 01:04:37 +0000</pubDate>
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		<description>Ótimo o tema desta postagem. Recordo uma obra precursora desse tipo de estudo: Hambloch, Ernest. Sua Majestade o Presidente do Brasil - um estudo do Brasil constitucional (1889-1934).  Brasília: Senado Federal, 2000.  Integra a interessantíssima coleção O Brasil visto por Estrangeiros.  O autor foi, ao que me consta, representante diplomático da Inglaterra no Brasil e seu retorno à terra natal teve relação com as hostilidades geradas pela publicação de sua obra.  Recomendo a todos.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Ótimo o tema desta postagem. Recordo uma obra precursora desse tipo de estudo: Hambloch, Ernest. Sua Majestade o Presidente do Brasil &#8211; um estudo do Brasil constitucional (1889-1934).  Brasília: Senado Federal, 2000.  Integra a interessantíssima coleção O Brasil visto por Estrangeiros.  O autor foi, ao que me consta, representante diplomático da Inglaterra no Brasil e seu retorno à terra natal teve relação com as hostilidades geradas pela publicação de sua obra.  Recomendo a todos.</p>
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		<title>Por: Inés D´Argenio</title>
		<link>http://direitoadministrativoemdebate.wordpress.com/2008/06/20/regime-hiperpresidencialista-na-america-latina/#comment-12</link>
		<dc:creator>Inés D´Argenio</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Jun 2008 20:12:46 +0000</pubDate>
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		<description>En Argentina, el presidencialismo populista tiembla cuando la sociedad sale a las calles, como ocurrió el lunes 16 de junio, en todas las ciudades de todas las provincias. La que sale a las calles es la sociedad a la que no puede manejar, que tiene educación y sustento propios y que, últimamente, al exigir contra la corrupción ejerce la opción de exigir por todos (lo cual la ennoblece más que en sus salidas anteriores en queja ante el corralito financiero). Es la sociedad que no se siente representada en un Congreso ausente o manejado desde el Ejecutivo y busca canales de comunicación para participar;  una institucionalización diferente, no prevista en el ámbito de la representación dominante y tal vez algo peligrosa para los amantes del orden (un partido tan caro a los estudiosos del derecho administrativo, complacidos en su propio pensamiento). Pero irremediable en la medida en que no aceptemos el sistema auténtico de &quot;autorregulación de la sociedad&quot; que venimos propugnando. Por eso recuerdo constantemente a Cohen-Tanugy, hasta cansar; a quien ahora agrego a Martín Caparros, escritor y periodista argentino quien destaca como notorio que &quot;la política ha vuelto: que otra vez la política está en la calle. La democracia delegativa hace todo lo posible para encerrarla dentro de los palacios de gobierno...pero la democracia delegativa con frecuencia falla y la política se le escapa a la calle...Es cierto: de vez en cuando, los ciudadanos deciden que la democracia -tan lejanamente - representativa no satisface sus necesidades &quot;. ¿Podremos alguna vez cambiar el sistema para que esta expresión colectiva se encauce en instituciones adecuadas? Como respuesta inmediatamente negativa surge a mi memoria el nombre de una diputada oficialista de autoritarismo rígido y de nombre Diana Conti, quien consiguió el respaldo de su Cámara para tratar en preferencia un pedido de informes a Eduardo Mondino, el Defensor del Pueblo de la Nación, como paso previo a votar su destitución ¿Por qué?  Solo porque ejerció sus facultades institucionales para crear un ámbito propicio a fin de que el gobierno escuche (&quot;Adiós, Mondino&quot; titula Crítica de la Argentina una nota del 12 de junio; y Joaquín Morales Solá titula su artículo en La Nación &quot;Mondino, cerca del patíbulo oficial&quot;, recordando que Conti integra también el Consejo de la Magistratura y es, junto al diputado Carlos Kunkel, la expresión más veraz y apasionada del Gobierno en los procesos de juzgamientos y ascensos de los jueces). El Poder Ejecutivo no quiere escuchar. Solo quiere imponer y no me cansaré de recordar que somos los estudiosos del derecho administrativo quienes hemos montado durante dos siglos y seguimos montando, los moldes autoritarios para el ejercicio de sus prerrogativas. Inés D&#039;Argenio.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>En Argentina, el presidencialismo populista tiembla cuando la sociedad sale a las calles, como ocurrió el lunes 16 de junio, en todas las ciudades de todas las provincias. La que sale a las calles es la sociedad a la que no puede manejar, que tiene educación y sustento propios y que, últimamente, al exigir contra la corrupción ejerce la opción de exigir por todos (lo cual la ennoblece más que en sus salidas anteriores en queja ante el corralito financiero). Es la sociedad que no se siente representada en un Congreso ausente o manejado desde el Ejecutivo y busca canales de comunicación para participar;  una institucionalización diferente, no prevista en el ámbito de la representación dominante y tal vez algo peligrosa para los amantes del orden (un partido tan caro a los estudiosos del derecho administrativo, complacidos en su propio pensamiento). Pero irremediable en la medida en que no aceptemos el sistema auténtico de &#8220;autorregulación de la sociedad&#8221; que venimos propugnando. Por eso recuerdo constantemente a Cohen-Tanugy, hasta cansar; a quien ahora agrego a Martín Caparros, escritor y periodista argentino quien destaca como notorio que &#8220;la política ha vuelto: que otra vez la política está en la calle. La democracia delegativa hace todo lo posible para encerrarla dentro de los palacios de gobierno&#8230;pero la democracia delegativa con frecuencia falla y la política se le escapa a la calle&#8230;Es cierto: de vez en cuando, los ciudadanos deciden que la democracia -tan lejanamente &#8211; representativa no satisface sus necesidades &#8220;. ¿Podremos alguna vez cambiar el sistema para que esta expresión colectiva se encauce en instituciones adecuadas? Como respuesta inmediatamente negativa surge a mi memoria el nombre de una diputada oficialista de autoritarismo rígido y de nombre Diana Conti, quien consiguió el respaldo de su Cámara para tratar en preferencia un pedido de informes a Eduardo Mondino, el Defensor del Pueblo de la Nación, como paso previo a votar su destitución ¿Por qué?  Solo porque ejerció sus facultades institucionales para crear un ámbito propicio a fin de que el gobierno escuche (&#8220;Adiós, Mondino&#8221; titula Crítica de la Argentina una nota del 12 de junio; y Joaquín Morales Solá titula su artículo en La Nación &#8220;Mondino, cerca del patíbulo oficial&#8221;, recordando que Conti integra también el Consejo de la Magistratura y es, junto al diputado Carlos Kunkel, la expresión más veraz y apasionada del Gobierno en los procesos de juzgamientos y ascensos de los jueces). El Poder Ejecutivo no quiere escuchar. Solo quiere imponer y no me cansaré de recordar que somos los estudiosos del derecho administrativo quienes hemos montado durante dos siglos y seguimos montando, los moldes autoritarios para el ejercicio de sus prerrogativas. Inés D&#8217;Argenio.</p>
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